
¿Cuántas invitaciones de boda habéis recibido a lo largo de vuestra vida? Yo puedo decir que unas cuantas.
Las primeras, casi todas de familiares, iban dirigidas a mis abuelos, a mi madre, y en la mayoría de los casos yo (sin saberlo) estaba incluida dentro de la coletilla “y Familia” que a veces se indicaba en el sobre.
Recuerdo haber asistido a una boda de un primo de mi primer novio, R., cuando rondaba las 17 primaveras. En aquel caso, también fui incluida en el consabido “y Familia” aunque en realidad no formaba parte oficialmente (rigurosamente hablando) de aquella familia, y con el tiempo, nunca lo formé. Paradojas del destino, ahora que lo pienso, es muy posible que aparezca en un álbum de fotos de unos novios a los que jamás volví a ver tras el enlace y a los que, mucho me temo, nunca me volverán a mencionar cuando pasen la página de ese mismo álbum mientras la actual esposa de mi primer novio me clave una mirada inquisitiva al descubrirme allí, con la sonrisa forzada, fruto de la emoción del momento o de la ortodoncia.
Luego comenzaron a casarse algunas amigas. La primera fue S., boda a la que me empeñé en acudir con J., mi segundo novio, al que no fui capaz de endosarle un traje y del que me sentí ligeramente avergonzada cuando alguien me preguntó si éramos hermanos. ¿Tan mala pareja hacíamos? Probablemente sí.
Si mal no recuerdo años más tarde, recibí la primera invitación de boda en la que mi nombre figuraba solo, y aunque me de rabia, he de reconocer que verlo allí tan solito, sin ningún “y Fulanito” resultó un poco extraño. Fue para la boda de S., en la que además coincidí con mi primer novio y su mujer e incluso el bebé de ambos, al que llevaron mis exsuegros, aquellos que una vez me consideraron en su “y Familia”. Muy surrealista, si, lo sé. Menos mal que estuve escoltada en todo momento por mi vieja amiga de la infancia T. y su por aquel entonces novio I. con el que, mi amiga, al cabo de los meses tampoco formaría parte de sus “y Familia”.
No fue hasta la boda de B., cuando recibí aquella invitación en la que figuraba mi nombre junto con el de que será mi futuro marido. Y he de reconocer que cuando lo vi escrito, me hizo muchísima ilusión. De hecho la sensación duró hasta el mismo día del enlace, en el que nos lo pasamos pipa y que aún hoy recuerdo como una de las veladas más divertidas que he vivido junto a L.
Ya tenemos las invitaciones de nuestra boda. Nos las entregaron hace aproximadamente dos semanas, los chicos de INVITARTE (a las madrileñas les aconsejo este sitio, es genial y tienen verdaderas maravillas) han dado en el clavo con el concepto y diseño que siempre habíamos pensado para nuestras invitaciones.
Nada más recibirlas comenzamos a escribir (esta vez nosotros) los nombres de las personas que vendrán a nuestra boda en el sobre. Es curioso comprobar como algunas de ellas siguen solteras, otras casadas, otras se han divorciado y otras ya tienen bebés. Un verdadero galimatías lo de los sobres. Pero sin duda lo más raro es abrirla y ver mi nombre, el de mis padres, el de L., allí escrito, dentro y no en el sobre, ver la fecha, el lugar, y pensar “bueno, aquí está, esto ya es en serio,… L. será mi marido y yo su mujer”.
¿Cuándo salté del sobre al interior? Y sobre todo ¿alguna vez creí que no sería capaz de lograrlo? La respuesta es sí. Pensé que tal vez no existía eso de una persona para cada uno de nosotros, que tal vez mi destino fuera tropezar una y otra vez con todas las relaciones sentimentales. Que jamás encontraría a alguien que sintiera que me quería. Hubo un tiempo en que llené mi vida de cinismo y me hize cínica. Hubo un tiempo en el que perdí la esperanza.
Pero mi nombre figura hoy en una invitacion de boda, y no está en el sobre. Sí, finalmente sí, sí que salté del sobre al interior, y bueno, pese a que mi corazón a veces añora la emoción y la diversión de las solteras (a veces tópica), me alegro de haber dado el salto.







2 comentarios:
:) Me gusta leer esta nueva entrada en tu blog y tengo que reconocer que he soltado alguna que otra carcajada haciéndolo... tú sabes porqué ¡¡ Lo peor que me ha sucedido a mi en una boda, ha sido que acudiendo sola, el plato de mi no-acompañante estuviese a mi lado, recordándome que acudía sóla ¡¡ XDD ¡Felicidades a L. y a ti!
Felicidades reina! seguro que tu nombre se ve divino dentro de la invitación de la boda!!...yo tengo la mía con mi nombre desde hace casi 10 años enmarcada en el salón de casa! Besos
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