jueves, 24 de abril de 2008

¿Todas soñamos con un romance de película?


¿Cuántas veces has visto Pretty Woman? ¿Y Dirty Dancing? ¿Tal vez te guste más Grease? Sea cual sea, favorita o no, por lo menos hemos visto estas películas más de una vez. Todas ellas tienen algo en común: un final feliz, un final de cuento de hadas.

Pensemos un momento en Pretty Woman. Edward Lewis es un rico y guapo hombre de negocios que viaja regularmente a Los Ángeles, alojándose en la suite del lujoso hotel Regent Beverly Wilshire. Una aburrida noche en la que sale a probar el descapotable de su amigo, conoce a una vulgar prostituta, Vivian, que hace la calle con un pelucón rubio horrible. Edward la recoge en su coche y se la lleva a su hotel con la idea de que se quede solamente una noche. A pesar de la incorrección de Vivian, (masca chicle de manera compulsiva y emplea más tacos que un camionero), Edward se siente atraído por la inocencia de la joven y le ofrece quedarse toda una semana con él por 3.000 dólares. A partir de ahí, la película es toda una explosión de derroche, diversión, elegancia y adrenalina pret-a-porter, al ritmo de melodías que todos recordamos al escuchar Kiss Fm. Bañeras llenas de espuma, joyas, ópera, fresas, champagne, clases de protocolo, algún que otro bofetón y muchos albornoces blancos, todo para que Edward y Vivian se den cuenta que en realidad no son tan diferentes como ellos creen. Vivian reconduce la carrera profesional de Edward dejando atrás su estilo agresivo en los negocios, y por su parte Edward rescata a Vivian de su balcón, ramo de flores entre los dientes, mientras suena el “Amame Alfredo” de La Traviata. Final feliz, romántico, utópico… historia de ficción.

Me gustaría verles ahora a Edward y a Vivian. ¿Vivirían felices en una casita con jardín en Los Angeles, rodeados de niños rubios, con un perro labrador que les traiga las zapatillas? Ó ¿Habría caras de circunstancias entre ambos cuando las criaturas les preguntasen como papi conoció a mami? ¿Podría llevar Vivian a su amiga Kit Deluca alguna vez a casa ó Edward le habría sugerido que “tal vez no es buena idea, cielo”? ¿No le habrían matado a Edward los celos recordando el pasado de su mujer? ¿No habría ningún reproche en las discusiones del tipo “recuerda, querida, que te recogí en Hollywood Bulevar?

Y ¿qué me decís de Dirty Dancing? Pongámonos en situación. Un balneario para ricos en alguna parte de Estados Unidos donde Johnny Castle es famoso por su baile “sucio”. El muchacho además de cotizar en nómina como bailarín profesional por el día, ejerce de gigoló de maduritas por las noches. La familia Houseman decide pasar unas tranquilas vacaciones de verano. Baby Houseman es una mosquita muerta, de dudoso atractivo, que progresa a una velocidad tan desproporcionada en la danza que ríete tú de Poti. Pero Baby es inquieta, inconformista y le gusta lo “sucio”, así que decide acompañar a un panoli, melón en mano, y adentrarse en el oscuro mundo del “dirty dancing”. Allí conoce a Johnny quien le enseña lo que es bailar “dirty, dirty”. La película avanza introduciéndose en temas tan controvertidos como los abortos clandestinos y las diferencias de clases, que en el balneario se dividen en los empleados estudiantes de Harvard y en los del tipo Johnny Castle. Pero a Baby (de quien más tarde sabremos que en realidad se llama Frances) no le interesan los tipos de Harvard, suspira por Johnny y decide ayudarle a ganar un concurso de baile supliendo a la bailarina estrella del hotel. Entre ensayo y ensayo nace el amor… que más tarde se convierte en sexo frenético en la cabaña de Johnny. Todo parece perdido cuando el Doctor Houseman, padre de Baby, descubre el romance y decide que se marchan inmediatamente del Hotel, pero afortunadamente la hermana tediosa de Baby suplica que no lo hagan por la gran fiesta que se va a dar esa misma noche. Y ahí llega la gran locura. El gran baile, la última noche y el boicot que organiza Johnny como muestra de su amor a Baby. El grupo de los dirty irrumpe en la fiesta a golpe de caderas y Johnny planta cara al padre de Baby, rescatándola. Tras el gran salto protagonizado por la pareja, que deja a todos con la boca abierta, el Doctor Houseman sufre un trastorno de personalidad y decide unirse al despiporre. Y en medio del baile Johnny y Baby se prometen amor eterno.

¿Y luego qué? ¿Vuelta al instituto? No nos olvidemos que Baby es una adolescente ¿Qué es de ellos? ¿Johnny monta una escuela de danza mientras su novia termina el bachillerato? ¿Qué podemos esperar de un romance de verano? ¿Amor eterno?

Y ¿Grease? Sandy y Danny se enamoran durante un verano en la playa. Creen que nunca más se volverán a ver ya que Sandy ha de regresar a Sídney, así que deciden guardar en su corazón esos días de pasión como el calor de las “summers nights”. Pero cuál es la sorpresa cuando el padre de Sandy es trasladado a…. (llamémosla “la ciudad donde transcurre Grease”), y Sandy y Danny vuelven a reencontrarse. Danny que tiene que cuidar su reputación de chico malo y duro, reniega de su “palomita” cuando se reencuentran y prefiere salvaguardar su imagen a estrecharla entre sus brazos delante de sus pandilleros amigos. A Sandy le entra una rayada impresionante y se pregunta por qué el mundo la ha tratado así. Danny decide emprender la furtiva misión de conquistar de nuevo a Sandy sin que sus amigos se den mucha cuenta. Sandy comienza a tener citas con otros chicos (un jovencísimo Lorenzo Lamas) e intenta poner celoso a Danny, y Danny, entre falsete y falsete, lucha por demostrar que ha cambiado sus malos hábitos a una puritana Sandy. Pero todo se torcerá cuando en el baile de fin de curso aparece Cha-cha, una antigua novia de Danny, con la que el pobre no puede sucumbir al frenesí de la música. Sandy huye despavorida y decepcionada por ver que su chico pierde los pies y la cabeza por una fulana cualquiera. Pero reflexiona y en la carrera en la que ponen a prueba la piezas robadas para el Greaselighting (el coche de Kenny G.), se da cuenta que lo que ha de hacer es subirse a unas plataformas, ponerse unas ajustadísimas mallas negras e ir cual chica mala a seducir al reformado de Danny. He aquí la mejor prueba que si no puedes ante el enemigo, únete a él. En el número final, donde todo el grupo aparece emparejado, se suben a un descapotable rojo que les conduce al cielo.

Pero, además de la inexorable pregunta de ¿a dónde conduce ese coche?, ¿Qué pasa después? Cuando Sandy se despierte a la mañana siguiente y desenrede el cardado de su pelo ¿podrá llevar a Danny a tomar el té a su casa? ¿Qué opinaran sus australianos padres del tupé de chaval? ¿Continuará Danny por el buen camino? o ¿alguna que otra vez la cabra tirará al monte y calmará sus instintos con carreras ilegales en el canal?

El cine romántico es contraproducente cuando eres una soñadora nata. Si eres una prostituta de Hollywood Bulevar ¿aparecerá algún día un Edward Lewis que te rescate de tu destartalada casa? Ó, si eres una rica fea con gracia para el baile ¿será viable una relación con un guapo bailarín y gigoló? Y , tu padre, médico de elevada reputación, ¿aceptará eso? Si un chico reniega de ti por guardar las apariencias ante los demás ¿no es motivo para marcharte por dónde has venido? O ¿es realmente necesario convertirte tú también en una chica mala?

Muchas veces ver este tipo de películas nos hace sentir que algo extraordinario nos va a suceder. Puede que nunca seamos Vivian, ni Baby, ni Sandy… pero, podemos ser María, Laura o Carolina, y vivir nuestro gran amor de película, en la que no haya bailes de fin de curso ni lujosas suites en carísimos hoteles, pero sí un cielo lleno de estrellas o una mirada tan intensa como el salto final en el baile de Dirty Dancing. Vivir un romance de película, nuestra película, puede suceder en cualquier momento. Estoy segura.












2 comentarios:

PâL@Ntë, $¡èMpr€ dijo...

Nunca pensé que Carrie Bradshaw fuera de verdad, ni que todo ese entramado de reflexiones unidas a sucesos, de propia experiencia o de la de sus conocidos, que narraba en sus artículos semanales fuera posible más allá de la mente de un equipo de guionistas y una importante productora.

Me encanta esta versión de Sex and the City, con historias reales y personajes de a pie...te veremos algún día en los buses urbanos de Madrid??

A ver si nos vemos pronto, que, más ahora que llega este tiempo, hay que retomar nuestras reuniones semanales de los domingos por La Latina, en ese universo de HoMbReS por conocer...Un besazo de tu amiga "R".

Agatha on 27 de abril de 2008, 23:04 dijo...

Muchisimas gracias R.

Pese a que este blog tiene cierto aroma a la serie Sex and the City, pronto descubrirás R. que todo es menos glamuroso... Mis pies, sin ir más lejos, prefieren la comodidad de unas bailarinas de H&M a los tacones de 15 cm de unos carisimos "Manolo's" jejejeje...

Muchos besos, R.

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